Canchita Chica

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MEDIO DEPORTIVO

08 septiembre, 2026

La luz que se construye entre todos: $50 millones para completar la iluminación de la cancha de hockey de la UNRC

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Por Ale Bernal

Hay obras que se terminan cuando se coloca el último elemento. Y hay otras que, mucho antes de quedar completas, ya cuentan una historia.

La iluminación de la cancha de hockey de la Universidad Nacional de Río Cuarto pertenece a ese segundo grupo. La reciente donación de $50 millones por parte de la Fundación Deportes Río Cuarto representa un paso decisivo para completar una obra que la Universidad viene llevando adelante desde hace tiempo, pero que no puede entenderse solamente desde una cifra.

Porque detrás de esas torres, de los materiales eléctricos y de los reflectores hay una construcción colectiva. Hay familias que se comprometieron, jugadoras que acompañaron, personal universitario que puso su trabajo y distintas secretarías que fueron articulando recursos y procedimientos para que un proyecto que parecía lejano pueda estar cada vez más cerca de convertirse en una realidad.

Así lo explicó Paola Beassoni, Secretaria de Bienestar de la UNRC, quien contó que las gestiones para conseguir apoyo externo comenzaron hace más de un año, inicialmente ante el Gobierno de Córdoba. En ese camino también participaron el legislador Juan Manuel Llamosas y el intendente de Río Cuarto, Guillermo De Rivas, hasta que finalmente la colaboración se concretó a través de la Fundación Deportes Río Cuarto.

Es un trabajo en conjunto”, resumió Beassoni al referirse al proceso que permitió llegar hasta esta instancia. Una definición que atraviesa toda la obra y que permite entender que los $50 millones son importantes, pero forman parte de un esfuerzo mucho más amplio.

La Universidad ya había comenzado a invertir en la obra junto con los padres y las jugadoras. Las familias, por ejemplo, asumieron el compromiso de conseguir los reflectores, cuyo costo ronda los $20 millones, y para eso vienen realizando diferentes actividades para recaudar fondos: rifas, campañas solidarias y hasta ventas de empanadas y tallarines.

Las familias, en un trabajo articulado y conjunto, se habían comprometido a donar los reflectores”, explicó la secretaria de Bienestar. Y ese compromiso continúa vigente, porque la donación recibida no representa el final del camino.

Beassoni fue clara al explicar que “los 50 millones nos permiten terminar la obra, pero no son suficientes”. El aporte permitirá avanzar con una parte fundamental de la iluminación, mientras que las familias y la propia Universidad continuarán realizando esfuerzos para completar todo lo que resta.

También está el aporte silencioso, pero fundamental, del propio personal universitario. Beassoni destacó el trabajo articulado con la Secretaría de Coordinación Técnica y Servicios, de la que depende el área de Mantenimiento. Buena parte de la mano de obra que se necesita para las tareas puede ser realizada por trabajadores de la Universidad, lo que permite sumar al presupuesto algo que muchas veces no aparece en los números: el trabajo de su propia gente.

Hasta ahora, en todo lo que se ha realizado en la cancha, lo que se ha podido hacer con mano de obra de personal de la Universidad se ha hecho de esa manera”, destacó Beassoni, poniendo en valor una tarea que acompaña la inversión económica.

Y mientras todo esto sucede, hay una razón deportiva que explica por qué completar la iluminación es tan importante.

La cancha no es solamente un lugar para entrenar. La iluminación permitirá aprovechar mucho mejor el espacio y, fundamentalmente, avanzar hacia las condiciones necesarias para que pueda ser utilizada como campo de juego oficial de la Federación Cordobesa de Hockey, donde participa la Universidad.

Pero tampoco se trata únicamente de hockey.

La cancha forma parte de una Universidad que entiende al deporte también como un espacio de formación. El campo funciona como una especie de “aula a cielo abierto” para estudiantes del Profesorado y la Licenciatura en Educación Física, además de ser un lugar de entrenamiento y competencia.

Por eso, la inversión adquiere otra dimensión. Beassoni estimó que el campo deportivo, considerando distintos componentes de la obra, representa una inversión de alrededor de $300 millones, mientras que la iluminación completa podría rondar los $100 millones. Una magnitud importante para una obra que se fue construyendo en el tiempo y en un contexto de dificultades presupuestarias para el sistema universitario.

Es un crecimiento para la Universidad que ha implicado una inversión importante”, señaló Beassoni, quien también remarcó que se trata de un espacio de formación y que sería una pena que una infraestructura de semejante magnitud no pudiera alcanzar todo su potencial por la falta de iluminación.

Ahora, después de tanto tiempo de trabajo, la luz empieza a verse al final del camino.

Los procesos administrativos y licitatorios necesarios para adquirir los materiales ya fueron anticipados por la Universidad. La Secretaría de Coordinación Técnica trabajó en esos procedimientos y, según explicó Beassoni, varios de ellos ya están culminados. Los materiales eléctricos ya llegaron y se esperaba comenzar con el ensamblado de las torres en los días siguientes a la entrevista.

Por eso, la secretaria de Bienestar se anima a ponerle una fecha aproximada al sueño: antes de que termine el año, la cancha podría estar iluminada.

Yo siempre soy positiva con este tipo de preguntas, pero realmente está avanzado todo este proceso”, sostuvo. Y agregó: “Yo creo que antes de que termine el año vamos a poder tener la cancha iluminada”.

Será entonces el momento de encender las luces, pero también de reconocer todo lo que hubo antes de ese instante.

La Universidad ya había realizado una primera inauguración cuando la cancha estuvo en condiciones de ser utilizada y aprobada por la Federación, incluso con un partido y posteriormente una clínica con Vicky Miranda. Ahora se piensa en una nueva celebración, esta vez con la obra de iluminación culminada. La intención es que puedan participar referentes surgidas de la propia Universidad, como Miranda o Anita Dodorico, aunque sus agendas deportivas hacen que esa posibilidad todavía dependa de sus tiempos.

Y en ese momento seguramente habrá espacio para agradecer a quienes fueron parte del camino: a las familias, a las jugadoras, al personal universitario, a las distintas secretarías que intervinieron en la obra y también a quienes acompañaron las gestiones para conseguir el aporte externo.

Porque esta cancha no se construyó solamente desde una oficina ni desde un presupuesto.

Se construyó cada vez que una familia organizó una actividad para juntar dinero. Cada vez que una jugadora acompañó una campaña. Cada vez que un trabajador de la Universidad puso sus manos al servicio de la obra. Cada vez que una secretaría encontró la manera de aportar. Cada vez que se gestionó ante un organismo externo y cada vez que una institución decidió acompañar.

Los $50 millones de la Fundación Deportes Río Cuarto son, sin dudas, un impulso enorme. Pero esta cancha tiene una particularidad: no se ilumina solamente con dinero; se ilumina con el trabajo de una comunidad que entendió que el objetivo era de todos.

Y cuando finalmente se enciendan las luces, seguramente no habrá una sola persona que pueda decir que la obra es propia.

Porque, en realidad, es de todos los que ayudaron a construirla.

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