Canchita Chica

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MEDIO DEPORTIVO

08 septiembre, 2026

Gustavo Bosco: “El desafío es vivir más, pero también vivir mejor”

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Por Ale Bernal

Hay tratamientos que llegan para resolver una urgencia y otros que necesitan tiempo para encontrar su lugar. El plasma rico en plaquetas pertenece, de alguna manera, a ese segundo grupo. Cuando Gustavo Bosco comenzó a trabajar con esta técnica, hace 13 años, no todo estaba tan claro ni mucho menos aceptado. Hubo formación, viajes, aprendizaje y también resistencia.

Hoy, con más de una década de experiencia, el deportólogo de CARS habla de aquel comienzo con orgullo, pero también con una idea que atraviesa toda la conversación: la medicina no debería dejar de buscar alternativas cuando existe la posibilidad de mejorar la calidad de vida de una persona.

“Fue un tratamiento que nos acercó Paul Dorochenko”, cuenta Bosco al recordar cómo comenzó todo. El especialista francés, asesor externo de CARS en el área médica y kinésica, les mostró lo que estaba ocurriendo en Europa. Por entonces, el plasma rico en plaquetas ya era utilizado en el alto rendimiento y comenzaba a ganar protagonismo en determinadas lesiones.

La referencia al deporte de elite fue inevitable. Rafael Nadal, en aquel momento número uno del mundo, era uno de los deportistas que había recurrido a este tipo de tratamiento. Para Bosco, aquella experiencia despertó una pregunta: si podía ser una herramienta útil para deportistas de semejante nivel, ¿por qué no estudiarla y conocerla en profundidad?

Así llegaron los viajes a España. Valencia y Barcelona fueron parte de una formación que, según Bosco, significó sacrificios y mucho aprendizaje. Allí, junto a Belén, su esposa y parte fundamental del procedimiento, comenzaron a incorporar conocimientos que luego trasladarían a CARS.

Una técnica que utiliza al propio organismo

La explicación puede sonar compleja, pero el principio es sencillo: se utiliza sangre del propio paciente para obtener un concentrado de plasma rico en plaquetas que posteriormente se aplica en la zona a tratar.

La sangre se extrae mediante un sistema específico, se centrifuga y, a partir de ese proceso, se obtiene el preparado que será utilizado en el tratamiento. Bosco insiste en un punto que considera fundamental: no se agrega un medicamento externo.

“No es una infiltración medicamentosa”, explica. Lo que se utiliza es el propio componente biológico del paciente.

Esa característica es, justamente, una de las razones por las que Bosco considera que el tratamiento tiene un lugar cada vez más importante dentro de la medicina musculoesquelética. Su utilización, según explica, abarca lesiones de huesos, cartílagos, tendones, ligamentos y músculos, aunque cada caso requiere previamente una evaluación médica.

En CARS, la técnica comenzó siendo utilizada principalmente en personas mayores, especialmente frente a cuadros de artrosis. Con el paso del tiempo, el perfil de los pacientes fue cambiando.

“Cuando empezamos, el promedio de edad estaba por arriba de los 70 años”, señala. Hoy, en cambio, también han recurrido al tratamiento personas de poco más de 20 años.

El motivo tiene una explicación: se practica más deporte, aparecen nuevas lesiones y también existen pacientes jóvenes que atraviesan procesos quirúrgicos cuyos efectos pueden prolongarse posteriormente.

Artrosis: mejorar la vida cotidiana, no prometer una cura

Uno de los puntos sobre los que Bosco pone especial énfasis es la diferencia entre tratar una lesión y abordar una enfermedad crónica.

En el caso de la artrosis, explica, el plasma rico en plaquetas no significa una cura definitiva. Se trata de un tratamiento paliativo que busca disminuir el dolor, mejorar la movilidad y recuperar funcionalidad.

Y allí aparece uno de los conceptos que más se repiten durante la charla: la expectativa justa.

Bosco asegura que aproximadamente el 80% de sus pacientes obtiene una respuesta favorable, mientras que existe un 20% en el que el resultado no es el esperado. Por eso considera que la consulta previa es fundamental.

“No hay nada que ocultar”, plantea. El paciente debe conocer las posibilidades y también las limitaciones antes de decidir.

Para una persona con artrosis de rodilla, por ejemplo, una mejora no necesariamente significa volver a tener una articulación nueva. Puede significar algo tan cotidiano como permanecer más tiempo sentado o parado sin dolor, moverse mejor o dejar de sentir que cada cambio de clima afecta su cuerpo.

Es allí donde el tratamiento adquiere otra dimensión: no solamente en la práctica deportiva, sino en la vida diaria.

Del alto rendimiento a la persona común

El vínculo entre el plasma y el deporte de elite fue uno de los primeros elementos que ayudó a popularizar la técnica. Bosco recuerda el caso del Kun Agüero durante el Mundial de Brasil 2014, cuando sufrió una lesión muscular y recibió plasma rico en plaquetas.

También menciona experiencias relacionadas con jugadores de la Selección Argentina, donde el tratamiento fue utilizado frente a molestias que no necesariamente estaban acompañadas por lesiones visibles en los estudios.

Pero para Bosco, reducir el plasma al deporte profesional sería quedarse con una parte de la historia.

También aparece en lesiones tendinosas crónicas, rupturas y procesos posteriores a determinadas cirugías. El tendón de Aquiles es uno de los ejemplos que menciona durante la entrevista.

Incluso relata el caso de una persona de más de 100 kilos y casi dos metros de altura que había sufrido una ruptura del tendón de Aquiles y decidió no operarse. Con un tratamiento consensuado y el acompañamiento correspondiente, logró recuperar la función y actualmente practica tenis, golf y básquet.

El relato sirve también para introducir una aclaración importante: no todos los casos son iguales y no todas las lesiones pueden evitar una cirugía. Bosco es contundente cuando habla de eso. Hay situaciones en las que una intervención quirúrgica es necesaria.

La clave, entonces, no está en enfrentar cirugía contra plasma, sino en encontrar la alternativa adecuada para cada paciente.

La rodilla, el hombro y esas lesiones que quedan

El deportólogo también habla de pacientes que, después de una cirugía de rodilla, continúan con inflamación, dolor o sensación de pesadez.

En esos casos, el plasma puede convertirse en una herramienta complementaria dentro del proceso de recuperación. También menciona determinadas lesiones degenerativas del menisco y problemas vinculados al hombro.

El manguito rotador y el denominado “hombro congelado” aparecen entre las situaciones en las que ha utilizado la técnica.

En estos casos, el objetivo no es solamente eliminar el dolor. Recuperar movilidad puede convertirse en el verdadero desafío.

Porque detrás de cada lesión hay algo que muchas veces queda fuera de los estudios y las resonancias: una persona que necesita volver a utilizar su cuerpo con normalidad.

Una medicina que también necesita escuchar

Quizás uno de los aspectos más interesantes de la conversación aparece cuando Bosco habla de sus colegas.

El plasma rico en plaquetas fue una técnica resistida en sus comienzos. Con el tiempo, sin embargo, comenzaron a llegar pacientes derivados por otros profesionales.

Y allí aparece otra definición de su manera de entender la medicina: el paciente debe estar primero.

“Si es quirúrgico, es quirúrgico”, sostiene. Pero si existe una alternativa que puede ser evaluada, también debe estar sobre la mesa.

No se trata, entonces, de tener razón sobre una técnica determinada. Se trata de ampliar las posibilidades.

Bosco recuerda que algunas de las personas que conoció durante su formación en Europa terminaron modificando incluso su propia práctica profesional y reduciendo determinadas intervenciones quirúrgicas a partir de la evolución de los tratamientos biológicos.

La idea es clara: la medicina cambia, aparecen nuevas herramientas y el conocimiento obliga a revisar algunas certezas.

El futuro puede estar dentro de nosotros

La charla termina alejándose un poco de las articulaciones, los tendones y las lesiones para entrar en una pregunta bastante más grande: ¿cuánto queda todavía por descubrir sobre la capacidad de nuestro propio organismo para recuperarse?

Bosco cree que mucho.

Para él, la medicina y la ciencia avanzan hacia tratamientos que permitan aprovechar cada vez mejor los recursos del propio cuerpo. Y esa búsqueda tiene un objetivo que va más allá de vivir más años.

“Se vive más, pero no tan bien”, plantea.

Por eso considera que el verdadero desafío es conseguir que una persona llegue a edades mayores conservando la mayor calidad de vida posible y reduciendo, cuando sea posible, la necesidad de intervenciones más complejas.

Quizás ahí esté la mejor síntesis de estos 13 años de trabajo: una técnica que comenzó mirando al deporte de alto rendimiento y que terminó encontrando también un lugar en la vida cotidiana de muchas personas.

En definitiva, detrás del plasma rico en plaquetas no hay solamente una centrifugadora, una jeringa o un procedimiento médico. Hay una pregunta mucho más profunda que atraviesa buena parte de la conversación con Gustavo Bosco: qué posibilidades tiene nuestro propio cuerpo de ayudarnos cuando la medicina aprende a escucharlo.

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