Fútbol y contención: la escuelita de Racing Club Río Cuarto transforma realidades
Con esfuerzo y sin apoyo estatal, Miriam Echeverría y su marido impulsan un proyecto deportivo y social en uno de los barrios más vulnerables de la ciudad.
Nota DEPOR HOY- Santiago Cachaviliani
En el corazón del barrio Alberdi, una iniciativa silenciosa pero poderosa está cambiando vidas. Se trata del trabajo que encabezan Miriam Echeverría y su esposo, quienes desde el Racing Club Río Cuarto sostienen una escuelita de fútbol gratuita que recibe diariamente a niñas y niños de todas las edades. Más que entrenamientos, ofrecen un espacio de contención, escucha y disciplina.
“Lo que intentamos hacer es sacarlos de la calle, alejarlos del peligro, de la tecnología excesiva y darles una rutina, una disciplina”, afirma Miriam. La actividad se desarrolla de lunes a viernes, de 18:30 a 20:30, y participan decenas de chicos que encuentran allí no solo un espacio para jugar al fútbol, sino también un lugar donde son escuchados y acompañados.
La escuelita funciona con recursos mínimos. Algunas personas, han colaborado con remeras y pelotas, pero los materiales escasean y la mayor parte del esfuerzo corre por cuenta de la familia Echeverría. “Las pelotas se rompen, las arreglamos como podemos. Todo lo hacemos a pulmón”, señala Miriam.
A pesar de las dificultades, los frutos se ven. Varios niños fueron invitados a jugar con equipos grandes como Ateneo, Correo, Fusión, Municipal, lo que representa un sueño cumplido para muchos de ellos. “Eso los motiva a seguir viniendo. Antes estaban en la calle o con el celular todo el día, ahora tienen otra rutina”, relata Miriam.
El proyecto aún no ha recibido apoyo oficial. Aunque el terreno en el que entrenan fue cedido en comodato, no cuentan con acompañamiento de la municipalidad ni del gobierno provincial. Sin embargo, el compromiso de esta familia no se detiene. “Lo que queremos es que esto siga siendo una escuelita donde todos los chicos puedan venir, sin cuota, sin condiciones, y que no pierdan la ilusión de jugar”, afirma.

Más allá del deporte, lo que ofrecen es una red de afecto. “Muchos vienen con historias difíciles. Lo que más falta es que alguien los escuche”, dice Miriam. En un contexto donde la inseguridad, la soledad y la droga son amenazas constantes, proyectos como este demuestran que el deporte puede ser una herramienta de transformación social.
La historia de Racing Club Río Cuarto es también un llamado de atención. Una invitación a que quienes toman decisiones recorran los barrios y se involucren. Porque en cada cancha improvisada puede nacer una oportunidad para cambiar el destino de una infancia.
