Facundo Marques, una historia de familia, sacrificio y pasión por los fierros
Facundo Marques tiene 26 años y hace tiempo que dejó de ser una promesa para convertirse en uno de los nombres de Río Cuarto dentro del automovilismo nacional. Actualmente compite en la Clase 3 del Turismo Nacional y este fin de semana volverá a correr como local, en el Autódromo de Río Cuarto.
Por Ale Bernal
Pero detrás del piloto que acelera a más de 200 kilómetros por hora hay una historia mucho más amplia: una familia que acompañó desde el comienzo, una empresa familiar, amigos, disciplina y un aprendizaje que también pasó por cuidar el cuerpo y la cabeza.
Hay una imagen que puede resumir buena parte de la historia de Facundo Marques.
Un chico muy pequeño, vestido con un mameluco de piloto, sentado junto a un auto de carrera. Después vendrían los cumpleaños con temática de automovilismo, el karting, los viajes, las carreras, los triunfos, las frustraciones y, finalmente, los grandes escenarios del automovilismo argentino.
Pero antes de todo eso hubo una familia.

Y hubo un papá que, en lugar de regalarle una pelota de fútbol, decidió acercarle un karting.
“Todo arrancó ahí. Antes de los 5 años fue mi viejo el que impulsó esta pasión”, recuerda Facundo.
No fue solamente el comienzo de una carrera deportiva. Fue el comienzo de una forma de vida.
Una familia rodeada de fierros
La relación de Facundo con los autos no comenzó exactamente cuándo se subió por primera vez a un karting. Los fierros ya estaban en su casa.
Su abuelo había sido camionero y, junto a su cuñado, abrió uno de los primeros desarmaderos de Río Cuarto. Después llegaron su papá, sus tíos y una empresa familiar que todavía hoy continúa vinculada al mismo rubro.
Facundo prácticamente creció entre motores, carrocerías y piezas de automóviles.
“Desde que nací ya estaba rodeado de partes de autos, de camionetas, de todo”, cuenta.
Hay algo de esa historia que explica por qué el automovilismo nunca fue para él solamente un deporte. Era parte del ambiente familiar, de las conversaciones, de los lugares que frecuentaba y de una pasión que fue pasando de generación en generación.
Pero para que un chico pueda correr también hace falta mucho más que pasión.
Hace falta tiempo, dinero, acompañamiento y una familia dispuesta a resignar cosas.
El esfuerzo que no se ve
El automovilismo tiene una particularidad que muchas veces queda escondida detrás del espectáculo de las carreras: es un deporte costoso.

Cuando Facundo comenzó, no había grandes presupuestos ni sponsors esperando para acompañar a un joven piloto. La familia tuvo que poner mucho de sí misma para que pudiera seguir corriendo.
Su mamá preparaba los sándwiches de milanesa para los viajes. Sus hermanas también entendieron que había una actividad que demandaba tiempo, dinero y presencia. Y durante años, la familia acompañó cada competencia.
“Fue muy sacrificado de parte de toda la familia para que yo pudiera hacer esto que tanto me gusta”, reconoce Facundo.
También hubo ausencias.
Mientras otros chicos tenían los fines de semana para jugar, juntarse o salir, él muchas veces estaba arriba de un auto o viajando hacia una carrera.
Se perdió cumpleaños. Encuentros. Momentos propios de la infancia y la adolescencia.
Pero no lo cuenta desde el arrepentimiento.
Porque del otro lado de esas cosas que dejó también encontró algo que, para él, tenía un enorme valor: la posibilidad de perseguir y finalmente alcanzar un sueño.
El piloto que eligió quedarse
Hoy Facundo recorre autódromos de todo el país, comparte pista con pilotos de enorme trayectoria y compite en una de las categorías más importantes del automovilismo argentino.
Sin embargo, nunca dejó Río Cuarto.
Y eso también habla de quién es.
“Yo estoy viviendo acá en Río Cuarto, nunca me fui”, explica. La posibilidad de vivir en ciudades más grandes no terminó de convencerlo. Su familia, sus amigos y también la empresa familiar siguen estando acá.
Para Facundo, quedarse no significa haberse detenido.
Es, en todo caso, haber elegido desde dónde construir su vida.
Tiene su mundo en Río Cuarto y desde allí sale cada fin de semana hacia los circuitos argentinos.
Correr rápido, vivir despacio
Hay una contradicción interesante en la vida de un piloto.
Facundo puede pasar un fin de semana manejando a más de 200 kilómetros por hora, pero cuando vuelve a la ciudad no siente ninguna necesidad de trasladar esa velocidad a la calle.
De hecho, explica que no le gusta manejar rápido en el tránsito cotidiano.
La razón tiene que ver con algo que aprendió con los años: el auto de carrera está diseñado para competir. Tiene jaula de seguridad, cinturones de cinco puntos, casco y un entorno preparado para la actividad. La calle es otra cosa.
Ese aprendizaje también forma parte de la persona detrás del piloto.
Porque saber manejar rápido no significa querer hacerlo todo el tiempo.
Y porque la velocidad, en su caso, está asociada a un contexto deportivo, preparado y controlado.


Cuidar la cabeza también es entrenar
Quizás uno de los aspectos menos conocidos de la preparación de un piloto sea el trabajo mental.
Facundo empezó a trabajar con una psicóloga deportiva alrededor de 2017 y mantuvo ese acompañamiento durante varios años. No porque existiera una fórmula mágica para ganar carreras, sino porque había algo que necesitaba aprender: cómo manejar la presión que él mismo se imponía.
Antes llegó a sentir náuseas y hasta vómitos por los nervios antes de subir al auto.
La expectativa por ganar, la frustración ante un mal entrenamiento, los errores y la autocrítica podían convertirse en una carga demasiado pesada.
“Muchas veces uno se va olvidando, en esta cuestión de querer salir y querer ganar siempre, y si no se dan los resultados parece que te viene el mundo abajo”, explica.
El trabajo psicológico le permitió incorporar herramientas para entender esos momentos y, sobre todo, recuperar algo que considera fundamental: disfrutar.
Porque si el automovilismo que había soñado desde chico dejaba de ser disfrutable, algo estaba fallando.
Y esa es quizás una de las mayores transformaciones del Facundo piloto: aprender que competir no significa solamente ganar.
Un cuerpo preparado para reaccionar
La otra parte de la preparación está en el físico.
Gimnasio, kinesiólogos, nutrición y, desde este año, quiropraxia forman parte de un esquema que busca que el piloto llegue a cada carrera en las mejores condiciones posibles.
Facundo explica que no se trata simplemente de cuidar el peso. Necesita energía, recuperación muscular, coordinación y precisión.
“Son todas herramientas, hay un equipo por detrás de profesionales que ayudan a que uno después rinda de la mejor manera posible”, resume.
La frase permite entender algo que en el automovilismo muchas veces no se ve.
Cuando se apaga el semáforo y comienza una carrera, el resultado depende también de todo lo que ocurrió durante los días y semanas anteriores.
Aprender también a vivir
Con los años Facundo encontró otro equilibrio.
De chico había muchas cosas que resignaba por las carreras. Hoy intenta organizarse de otra manera.
Se cuida, entrena y se prepara. Pero también se junta con sus amigos, sale a comer con su mujer, comparte un asado y hasta se permite comer una hamburguesa.
La diferencia está en saber cuándo.
“Hoy no me privo de nada”, cuenta.
Cuando se acerca una competencia, la rigurosidad aumenta. El resto del tiempo también hay lugar para disfrutar de las cosas simples.
Y ahí aparecen nuevamente sus amigos de siempre.
Personas que estuvieron antes de los grandes escenarios y que siguen estando ahora, cuando los resultados son buenos y también cuando las cosas no salen como esperaba.
El chico que soñaba con correr

Este fin de semana Facundo volverá a ponerse el casco en Río Cuarto.
Pero quizá la escena más interesante no sea solamente la del piloto que sale a pista.
Es la del chico que alguna vez miraba las carreras desde afuera y soñaba con estar ahí.
Hoy compite contra algunos de aquellos referentes con los que se sacaba fotos cuando era pequeño.
Y no solamente comparte pista con ellos: en muchas ocasiones consiguió pelearles de igual a igual.
En 2022 alcanzó uno de los grandes logros de su carrera al consagrarse campeón argentino de TC2000 Series. Hoy continúa buscando nuevos desafíos dentro del Turismo Nacional.
¿Qué le diría aquel Facundo de 26 años al niño que se subió por primera vez a un karting?

Probablemente algo muy parecido a lo que recibió durante tantos años de su familia: que no afloje.
Que siga trabajando. Que siga apostando. Que no baje los brazos.
Porque aquella pasión que comenzó antes de los cinco años terminó convirtiéndose en una carrera deportiva, pero también en una manera de entender la vida.
Y quizás ahí esté la verdadera historia de Facundo Marques.
No solamente en el auto.
Está en la familia que lo acompañó, en la ciudad que eligió para vivir, en los profesionales que lo ayudan a prepararse, en los amigos que siguen estando y en el equilibrio que aprendió a construir fuera de la pista.
El piloto es lo que vemos cuando se apaga el semáforo.
La persona detrás del piloto es todo lo que hizo falta para llegar hasta ahí.