Enzo Scapinardi: pasión y futuro en el tenis de mesa
El joven de Río Cuarto se afianzó como una de las promesas provinciales del tenis de mesa y sueña con dar el salto nacional.
Por Santiago Cacciavillani
Cuando Enzo Scapinardi agarró una paleta por primera vez, en marzo de 2017, recién había cumplido 14 años. Fue en el Club Chacabuco de Río Cuarto, donde empezó jugando partidos informales y escuchando consejos de quienes lo veían con condiciones. La chispa que lo motivó surgió al ver en acción a Liu Song, el jugador chino nacionalizado argentino que representó al país en los Juegos Olímpicos y que supo brillar a nivel panamericano. Ese modelo lo inspiró a tomarse en serio un deporte poco difundido pero cargado de desafíos.
Su primer torneo importante fue un Grand Prix del circuito argentino en Río Tercero. Allí, los rivales estaban varios escalones por encima: jugadores que ya competían por medallas nacionales. Los nervios lo traicionaron y los resultados fueron abultados en contra, pero aquella experiencia lo marcó. “Sentí que ese era el lugar donde quería estar”, recuerda. Lejos de frustrarse, entendió que cada derrota podía ser una lección para crecer.
Los resultados comenzaron a llegar con el tiempo. En 2022 se consagró campeón de la Liga de Equipos Provincial en segunda categoría y ese mismo año ganó el Máster Final de 2da en Río Cuarto. En 2023 dio otro salto, al llegar a semifinales en la máxima categoría provincial, un logro que lo consolidó como uno de los mejores de Córdoba. Su rendimiento lo llevó además a estar nominado a los Premios Deportes Río Cuarto, reconocimiento que espera repetir en la presente temporada.
Enzo asegura que nada de esto hubiera sido posible sin el apoyo de su familia, que siempre lo alentó a practicar deporte. “Tanto en lo económico como en lo motivacional siempre estuvieron conmigo, y eso es algo que valoro mucho”, destaca. Esa red de contención fue clave para sobrellevar momentos difíciles, sobre todo cuando las lesiones lo alejaron de la competencia.

Más allá del tenis de mesa, Enzo se declara un apasionado del fútbol y tiene un amor incondicional por Estudiantes de Río Cuarto. También disfruta del automovilismo, el rugby y el tenis, deportes que lo inspiran a aprender constantemente. Y, como cualquier joven de su edad, encuentra en los videojuegos y las juntadas con amigos un espacio de distensión que equilibra la exigencia deportiva.
El secreto de su crecimiento está en la preparación. Scapinardi divide su entrenamiento entre lo físico, lo técnico y lo mental. “En la mesa muchas veces tenés que decidir en milésimas de segundo, y eso te lleva al límite”, explica. Para fortalecer la concentración, recurre a ejercicios mentales como sudokus, mientras que en lo técnico se enfoca en la movilidad de piernas, la repetición de golpes y la automatización de movimientos. La preparación física, aunque fundamental, se ha visto condicionada por una lesión en los meniscos que lo obliga a dosificar esfuerzos.
En cuanto a los torneos, cada fecha del circuito provincial lo pone a prueba. Algunas de las más desafiantes fueron las primeras de este año, donde volvía tras un parate y debía rendir con la presión de demostrar mejoras. Sus rivales más cercanos también son amigos: Tomás Rolla, Pablo Padilla y, sobre todo, Matías Ferreyra, con quien mantiene una rivalidad histórica. “Tengo un historial muy negativo con él, pero este año me di el lujo de ganarle justo cuando defendía el campeonato anual”, cuenta con orgullo.

Ese aprendizaje de aceptar que en este deporte se pierde más de lo que se gana ha moldeado su carácter competitivo. “Sale campeón uno de treinta o más jugadores. Al principio me llevaba muchas frustraciones, pero aprendí que cuanto más relajado jugás, más disfrutas las victorias y más provecho sacás de las derrotas”, reflexiona.
Sus metas están claras: este año busca terminar entre los diez mejores de la provincia y dentro de los cinco primeros en la categoría Sub-40. Además, quiere llegar en la mejor forma posible al Campeonato Argentino de 2026, que será su última participación en Sub-23. Para ello deberá operarse los meñiscos y encarar una rehabilitación completa, con la mira puesta en volver más fuerte y competitivo.
El día a día de Enzo combina entrenamientos exigentes con su pasión por el juego. Entre lunes y viernes alterna prácticas con entrenador y con compañeros, incorporando ejercicios multibola, saques, recepciones y simulaciones de partidos. También ajusta detalles estratégicos como el uso alternado de gomas defensivas y ofensivas en la paleta, con el fin de sorprender al rival. “Cada partido es distinto. A veces hay que jugar corto, otras atacar de entrada, y en ocasiones usar efectos inesperados. Todo depende de cómo esté uno y cómo esté el otro”, explica.
A pesar de la exigencia, rescata que el tenis de mesa es más que un deporte: es una comunidad. “Es un ambiente hermoso, donde podés crecer muchísimo y hacerte de grandes amigos. Pero también tenés que aprender a convivir con las frustraciones y a no encerrarte en tu ciudad o tu provincia, sino competir cada vez por más”, afirma.
Con esa mentalidad de superación constante, Enzo Scapinardi se consolida como una de las figuras jóvenes más destacadas del tenis de mesa en Córdoba. Entre entrenamientos, sueños y metas, su trayectoria ya inspira a nuevas generaciones en Río Cuarto y promete escribir capítulos todavía más grandes en el futuro cercano.
