El renacer de Acción Juvenil: compromiso y un club que late fuerte.
Acción Juvenil atraviesa uno de los momentos más significativos de su historia reciente. Con una fuerte inversión en infraestructura, un ambicioso proyecto deportivo y el empuje de nuevas generaciones de dirigentes, el club vive una etapa de crecimiento sostenido. Natalia Sánchez Wasiluk, entrenadora y pieza clave del vóley en la institución, lo resume, en una palabra: familia.
Nota DEPOR HOY -Por Santiago Cachaviliani
“Arrancamos el año pasado con mejoras en los baños y vestuarios, y este verano nos dedicamos de lleno a la cancha de básquet. Cambiamos todo el piso de madera y esta semana estamos terminando de pintarla. La cancha quedó soñada”, cuenta Natalia. La imagen de ese flamante parquet recorrió redes sociales y despertó admiración en la comunidad.
Pero el cambio no es solo estético. Acción Juvenil apuesta fuerte a la competencia y a la formación. En vóley, el club participa con dos líneas femeninas y una masculina en la Liga Riocuartense y en la Liga Provincial de Córdoba. Esta última representa un desafío mayor: equipos de distintas categorías se enfrentan, sin importar divisiones ni edades, y los premios incluyen hasta dinero en efectivo. “Es una propuesta que nos entusiasma porque sube el nivel de competencia y motiva a los chicos”, asegura la entrenadora.

El desarrollo de las divisiones inferiores también es clave. Natalia detalla: “Tenemos categorías desde sub 12 hasta primera división. Este año sumamos una segunda tira femenina a la competencia federada. Nuestro objetivo es nivelar el juego y que todas las chicas tengan las mismas oportunidades”. La meta no es menor: que los dos equipos femeninos del club lleguen a ser finalistas del torneo.
El camino no es fácil. Las diferencias de edad dentro de una misma categoría, como sucede en sub 18, obligan a los cuerpos técnicos a trabajar con estrategias diferenciadas. “Agrupamos por edades para poder adaptar mejor los ejercicios y acompañar el desarrollo técnico. Queremos que todas tengan un proceso de crecimiento parejo y sostenido”, explica Sánchez.


El trabajo formativo incluye también un fuerte componente emocional. “Hay que hablar mucho con las jugadoras. Explicamos que los cambios no siempre son por errores. A veces son tácticos. Es clave que las chicas entiendan eso y no pierdan la motivación”, señala.
El impacto de la Liga Riocuartense también es positivo. “Ampliamos la base de competencia, se sumaron muchos chicos y eso favorece a todo el deporte. Aún falta desarrollo en el masculino, sobre todo en inferiores, pero vamos por buen camino”, afirma.
La entrenadora destaca el valor del compromiso colectivo: “Las mejoras que hicimos en el club fueron a pulmón, trabajando durante todo el verano junto a jugadores, profes y dirigentes. Así te sentís parte de verdad”. Y valora el recambio generacional: “En Acción Juvenil y en otros clubes de Río Cuarto hay un nuevo aire. Gente joven que se compromete, que deja de criticar y se pone a hacer”.
“Acción Juvenil es mi segunda casa”, concluye Natalia, con la convicción de quien no solo entrena equipos, sino que construye comunidad. Un club en marcha, que encontró en el esfuerzo compartido la fórmula para soñar en grande.


Hace tiempo que Acción Juvenil dejó de ser solo un club de barrio. Lo que comenzó como una serie de mejoras edilicias se convirtió en una transformación institucional a fondo, impulsada por una generación de jóvenes dirigentes, entrenadores y deportistas que decidieron poner manos a la obra, literalmente. Hoy, la institución no solo luce distinta: también compite y forma con otra energía.