Correr para vivir, vivir para correr
Brian Burgos con disciplina, esfuerzo y el apoyo de su entorno, hoy vive del atletismo y sigue soñando en grande.
Por Federico Esmael Illa
En 2012, una maratón escolar organizada por el colegio Hispano en Rio Cuarto, la vida tenia preparada una nueva forma de vida para Brian Burgos. En jeans, zapatillas comunes y una remera de algodón, parado en la línea de largada. Una carrera atípica, pero que seria la largada de su nuevo camino.
La historia no empezó con planificación ni entrenamiento específico. Fue más bien intuición, impulso. «No tomaba dimensión de lo que significaba. Pero después me enganché y decidí abocarme de lleno a esto», recuerda. Lo hizo de la mano de María Susana Benítez, su primera entrenadora y atleta de elite, con quien comenzó a tomarse el deporte con otra seriedad.
En 2019, su primera experiencia en la montaña llegó en San Juan, en el Campeonato Argentino Tierra de Gigantes. Desde entonces, quedó claro que su rumbo estaba marcado. A pesar de entrenar en una ciudad sin montañas, Brian encontró la forma de destacarse. Compitió tanto en calle como en montañas, y alcanzó lo que muchos solo sueñan: vestir la celeste y blanca en dos mundiales, uno en Tailandia y otro en Australia.

«Ni en mis sueños imaginaba algo así. Me llenó de orgullo. Me aferré a mi familia, a mis seres queridos, y conté con el apoyo de sponsors y empresas privadas que hicieron posible todo esto», dice.
Pero si hay un momento que marcó su carrera de forma especial fue en 2023, cuando ganó el Campeonato Nacional de Cross Country en su casa. Fue en la Universidad Nacional de Río Cuarto, con su gente alentando. Algo que recuerda con mucho orgullo y enmarca como un reto personal superado.
Su rutina es la de un atleta profesional: doble turno de lunes a viernes, triple los lunes y viernes, los fines de semana una sola sesión, pero más extensa. En semanas de competencia hace hasta 180kms, mientras que en semanas de competencia ronda entre los 100kms y 140kms, esto se debe a que son semanas de descarga. Gracias a las becas, los premios, el acompañamiento privado y su propio emprendimiento de indumentaria deportiva, hoy puede vivir de esto.
Sin embargo, detrás del rendimiento y las medallas, también está el costo físico. En 13 años de carrera ha atravesado lesiones duras. En 2023, poco después de clasificar al mundial, sufrió dos desgarros consecutivos que lo dejaron tres meses fuera. “No fue mi mejor rendimiento, pero el esfuerzo fue muy grande y meritorio”, reconoce. A eso se suma una fractura de húmero en un entrenamiento en el filo de Merlo, que lo obligó a una operación y una larga recuperación.

Aun así, Brian sigue pensando a futuro. Su próximo gran objetivo es correr los 21k de Adidas en septiembre, seguir compitiendo a nivel nacional y, por qué no, volver a un mundial o llegar a unos Juegos Olímpicos. «No es fácil, pero uno se entrena con la idea de dar lo mejor. Los resultados llegan por sí solos” expreso con entusiasmo.
El motor, más allá del cuerpo, es emocional. «Lo que me inspira es superarme cada día, sin enfocarme en los rivales. La superación tiene que ser personal.» En ese camino, su familia, sus amigos y quienes lo acompañan desde el principio son la base. «Son mi pilar. Están en los buenos y sobre todo en los malos momentos. Por ellos también corro.»