A 170 km/h, rompiendo prejuicios
Jimena Arfenoni, la joven piloto que desafía los límites del automovilismo cordobés con talento, pasión y una convicción a prueba de curvas.
Nota DEPOR HOY – Por Santiago Cacciavillani
En un mundo de motores rugientes y competencia sin pausa, donde la velocidad es moneda corriente y el vértigo se mide en milésimas, Jimena Arfenoni se ha ganado su lugar. No porque le hayan abierto la puerta, sino porque supo cómo empujarla con coraje, con esfuerzo y con la certeza de que también hay espacio para mujeres en lo que históricamente fue territorio de hombres.
A bordo de su Fiat 128, esta joven oriunda de Del Campillo, Córdoba, corre en la categoría Turismo Promocional. Pero más allá de los podios o las clasificaciones, lo suyo es una historia que va más allá de los cronómetros: es un relato de amor familiar, de resistencia económica, de sueños a largo plazo y de una pasión que comenzó en la infancia y se transformó en forma de vida.
El rugido de un sueño
Todo empezó cuando Jimena tenía apenas siete años. Por entonces, su papá —piloto de karting— le regaló su primer coche. “Fue un amigo el que encendió la chispa: le regalaron un karting y me dieron ganas. Al poco tiempo, mi papá me regaló el mío. Así empezó todo”, cuenta ella. Lo que siguió fueron fines de semana girando en pistas de tierra, juegos que empezaban a parecerse a competencias y una pasión que se volvió parte del vínculo más íntimo entre padre e hija.
En aquel momento, el automovilismo era amateur, una actividad más lúdica que profesional. “Íbamos todos juntos como familia. Era algo que se disfrutaba de otra forma, sin tanta presión, sin estructura. Pero ahí me enamoré de este deporte”, recuerda.
Hoy, aquella nena está sentada detrás del volante de un auto que alcanza los 170 km/h al final de la recta, compitiendo en una de las categorías más desafiantes del automovilismo zonal cordobés.

Una mujer en la pista
Jimena es actualmente la única mujer que compite en el campeonato cordobés de automovilismo en pista. Esa condición no la intimida; al contrario, la impulsa. “No creo que sea algo raro. Al principio éramos tres o cuatro chicas. Hoy, si mirás los campeonatos de karting, hay entre 10 y 15 mujeres. Se está abriendo el camino”, asegura.
No cree en barreras, aunque reconoce que las hay. Especialmente las económicas. “Este deporte es muy caro. Desde el derecho de autódromo hasta el desgaste del motor, todo cuesta. Si no tenés presupuesto, no podés desarrollarte como piloto”, dice. Ella ha logrado mantenerse gracias al esfuerzo de su familia, al apoyo de empresas locales de Del Campillo y a una red de personas que confían en su potencial.
“Mi papá es mi mayor sponsor, pero también tengo el respaldo de muchas marcas y comercios del pueblo que me acompañan. Eso me emociona mucho. Me hace sentir que no corro sola”.
De Del Campillo al país
Aunque hoy reside en Río Cuarto por motivos de estudio, Jimena lleva a su pueblo natal en cada carrera. Allí comenzó su camino en los kartings de tierra, y fue en esa etapa que su nombre empezó a sonar entre los aficionados locales. Cuando se inauguró el kartódromo de asfalto en Río Cuarto, su carrera dio un giro importante. “Pasar a asfalto fue un gran salto. Cambió mi forma de correr y de entender la competencia”, dice.
Aquel salto no quedó ahí. En 2023 debutó en una categoría nacional, viajando por todo el país con su equipo y su familia. “Fue una locura hermosa. A donde íbamos, mis hermanas y mis viejos me seguían. Vivimos ese campeonato como una aventura familiar. Fueron experiencias que no me olvido más”.
Un equipo que impulsa
Actualmente, Jimena corre con el equipo Barovero Competición, uno de los más prestigiosos del circuito zonal. “Para esta última fecha cambié de equipo y me sentí muy cómoda. Hicieron un trabajo excelente durante todo el fin de semana”, relata. Pero también tiene un equipo “de siempre”, más allá de la escudería.
El nombre que repite con admiración es el de Gabriel Franke, su preparador del karting. “Gabriel es una pieza clave. Me acompaña desde el comienzo, me hace la radio en las carreras, me aconseja, está en todos los detalles. Es mucho más que un técnico, es un pilar”, explica.

Prepararse para ganar
“El automovilismo es físico, mental y emocional”, dice Jimena. Atrás quedaron los tiempos en que se creía que correr era sólo girar un volante. Hoy, cada piloto se prepara como un atleta. “La exigencia es altísima. Las pulsaciones en carrera pueden estar cerca de las 170, como en cualquier deporte de alto rendimiento. Tenés que estar lúcido, rápido, con buenos reflejos. Y eso se entrena”.
Entrenamientos específicos, buena alimentación, descanso adecuado y ejercicios de reflejos son parte de su rutina. “El cuerpo no puede estar procesando una digestión cuando necesitás toda la sangre y energía en la cabeza para decidir en décimas de segundo”, dice con precisión. El enfoque es integral, profesional.
Lo que viene
El sueño inmediato de Jimena es claro: ganar una carrera. “Ya ser competitiva me llena de orgullo. Corro contra pilotos que tienen los mismos años que yo… pero de experiencia”, dice entre risas. El objetivo no es sólo un podio, es demostrar que está a la altura.
Pero su meta final va más allá. “Me encantaría, en un futuro, correr en el 4000. No sé si llamarlo sueño o meta, pero es algo que me ilusiona mucho”, confiesa. Sabe que el camino es largo, pero está dispuesta a recorrerlo.
Más que una piloto
Jimena Arfenoni es parte de una nueva generación de mujeres que se animan a ocupar espacios donde antes no estaban. No lo hace con pancartas, lo hace con hechos. Con velocidad, con talento, con trabajo silencioso y constante. Y con una sonrisa enorme al bajarse del auto, rodeada de su gente.
“Correr me apasiona. Pero lo que más me emociona es mirar al costado y ver a mi familia, a mis amigos, a los que siempre están. Eso no tiene precio”.
Y entonces queda claro que lo suyo no es sólo velocidad. Es convicción. Es amor. Es historia. Es un mensaje en movimiento. Una declaración de que los límites, muchas veces, sólo están para ser superados.